AMLO, Arnold Valdés, Editorial abril 17, 2019

Reforma Educativa. Avanza la ignorancia. Por @ArnoldValdesJr

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El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, mandó un memorándum (fácilmente impugnable, en palabras del abogado Javier Lozano) con el que pretende suspender, formalmente, la aplicación de la polémica Reforma Educativa.

El memorándum fue firmado también por Carlos Urzúa, secretario de Hacienda y Crédito Público; por Olga Sánchez Cordero, secretaria de Gobernación y por Esteban Moctezuma, titular de la Secretaría de Educación Pública (SEP).

Recordemos que el actual gobierno aún no posee una nueva estrategia en materia de educación pública, pues no se ha alcanzado acuerdo alguno en los diálogos con la oposición. Todo sigue siendo insatisfactorio. Por lo tanto, quedaremos a la deriva: con muchos problemas y sin soluciones.

Cabe destacar que uno de los motivos por los que se decidió eliminar la Reforma Educativa aprobada durante la administración de Peña Nieto, es porque, evaluar a los maestros es “humillante para ellos”. Por lo que cambiarán las evaluaciones por simples “capacitaciones opcionales”.

Sin evaluaciones, ¿cómo sabemos que los maestros que educan a nuestros jóvenes son aptos para hacerlo? La educación es el pilar más importante en la construcción de una buena (y sana) República. Con ella, el pueblo se hace inteligente y capaz de decidir lo mejor para ellos. Con ella se alcanza una buena democracia. Si seguimos con estos niveles educativos, nuestra oclocracia se mantendrá.

Esta situación me recuerda a una frase que se usó mucho durante el periodo de la Ilustración “Tout pour le peuple, rien par le peuple” (todo para el pueblo pero sin el pueblo, en francés). ¿Por qué me acordé de ella? Sencillo, los absolutistas le daban al pueblo lo que necesitaba sin que pudiera intervenir, así lograban evitar descentralizar los regímenes y los controlaban con una mayor facilidad. Lo que quiero decir es sencillo, sin gente educada, no habrá quien pare a los déspotas: seguirán dándonos lo que queremos, pero… ¿sabemos qué es lo que queremos en verdad? ¿o queremos lo que quieren que queramos?

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